Apócope

Las ciudades -lugares, tormentas de paisajes y alaridos-, tan idénticas y diferenciales unas con otras como figuras imperfectas de un cuerpo, marcan sus pasos en la memoria como si puestas hubieran sido sobre greda. Las ciudades al aparearse pueden lo que jamás podrán las patrias: hacer del mundo lo que es: un solo lugar.


Llamemos pues, a este lugar, A-real.

martes, 13 de julio de 2010

V.

Todo un mundo puede llegar a reducirse a la conspiración de cuatro cuadrados, un techo y un piso. Importa un bledo, a la larga, si el techo se peina los cabellos en la transparencia, y se ven arriba los puñales que son en estos casos las estrellas. A-real conspira consigo misma para que una bandada de estrellas se entierren en el pecho... y mamen, del transeúnte, la leche más inverosímil que pueda contener su pecho. Ay, libertad! Eres prostituta dulce que lo provoca y se le escabulle... y se le posa al frente con el torso desnudo y de espaldas lo mira para seguir perpetuos este juego sin son ni saciedad.

El transeúnte apenas y mira, y juega, y sigue caminando.