A-real es como un Pulpo, una Sepia, un Nautilos, un Cefalópodo a pleno sentido; dejémoslo en esa simpleza. Puede interpretarse eso como al Lector le entre en gana.
Hay veces, como hoy, en las que un transeúnte sale a la calle a tomarse unos aires. Hoy, a diferencia de los demás hoy, se demora unos cuantos parpadeos y pasadas de saliva preguntándose por qué jamás había visto alguna pintura o, por lo menos, alguna expresión artística en la que se retrataran infielmente las cielos nocturnos así, viscerales y rojizos, tal y como lo está viendo ahora. A continuación el transeúnte, tan idiota y pícaro y malandrín como suele ser, cerró los ojos y se dispuso a borrar lo siguiente de su cabeza: Una sumatoria de cuadriláteros haciendo el amor a contraluz, disfrazados de silueta como monstruos bajo, sobre, y tras la intemperie amarilla del concreto. Arriba un cielo. Blanco pero Rojo, Rojo y Blanco, luchando como interpretaciones en la quietud hacia arriba y hacia abajo; clavándose invisiblemente en los ojos, en los transeúntes, en las pieles desnudas del humo. Un cielo que hace parte de cada cosa persiste a ojos cerrados sin que se den cuenta las gentes.
El transeúnte puso sus ojos en su lugar, sus recuerdos molidos en un camión o en una caneca, el cielo siguió adelante. Ya no había nada que reprocharle al arte.
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