Apócope

Las ciudades -lugares, tormentas de paisajes y alaridos-, tan idénticas y diferenciales unas con otras como figuras imperfectas de un cuerpo, marcan sus pasos en la memoria como si puestas hubieran sido sobre greda. Las ciudades al aparearse pueden lo que jamás podrán las patrias: hacer del mundo lo que es: un solo lugar.


Llamemos pues, a este lugar, A-real.

sábado, 31 de octubre de 2009

III. Disfraz de cronopio




El transeúnte, incapaz de imaginar algo más imaginativo, sale a tomarse unos aires. Ya el transeúnte son dos, por aquello de la inercia; y diciéndose a sí mismo las suficientes palabras camina hacia la noche, esperando que acaso la imagen llegue. La tonteria rechina oxidada y amarilla; cadenas, cadenas, cadenas, las churrias de un motor. Una peca, alcanzó una peca a abrirse paso más por obstinación que por ideal. Y claro, el transeúnte disfrazado de cronopio terminó disfrazado de cronopio disfrazado de transeúnte.

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